jueves, 19 de mayo de 2011

La Inspiración No Basta

Fuente: 

Diario La República
Federico Salazar B.
Giuliano Zen (Twitter)
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Por Federico Salazar

El plan de gobierno de Fuerza 2011 no es un plan. Es una lista de buenas intenciones. Se apoya en el supuesto modelo económico de la Constitución de 1993. Hay que recordar al fujimorismo que la Constitución de 1993 fue un compromiso que tuvo que aceptar Alberto Fujimori, debido a la presión internacional. Hay que recordarle, además, que la interrupción de la continuidad constitucional destruyó el Estado de derecho.

Hoy no se debe plantear un cambio de Constitución a través de una Constituyente, simplemente porque eso sería repetir la barbaridad de entonces. No porque lo que hizo Fujimori haya estado bien.

Los gobiernos no deben sacar Constituciones del sombrero. Deben someterse a la anterior, nada más. Los Congresos pueden modificar las Constituciones según las reglas establecidas, no a través de asambleas del momento. Aparte de la propaganda a favor del gobierno de Alberto Fujimori, el documento dice muy poco sobre política económica. “Nuestro compromiso, dice, es facilitar la continuidad del crecimiento en tasas no menores al 7% del PBI, en la medida que el crecimiento es un elemento fundamental para continuar reduciendo la pobreza” (p. 33).

¿Cómo será posible mantener esa tasa? ¿Con qué pitoniso cuentan que sabe cómo le va a ir a los precios de los minerales? ¿Qué reformas podrían garantizar ese crecimiento? NI UNA PALABRA.

Para mejorar el empleo este Plan habla de flexibilizar los costos de contratación de mano de obra, simplificar el pago de tributos y de identificar el perfil laboral que demandan las empresas. Nada de esto logrará un efecto relevante. Tampoco lo hará el esquema asistencialista de ayuda social que proponen, basado en Foncodes, Wawawasis y comedores populares.

El plan de gobierno de Fuerza 2011 pone énfasis en la infraestructura (escuelas, cárceles, aeropuertos, carreteras). No es la infraestructura, sin embargo, la que resolverá el tema de la pobreza y de la falta de impacto social del crecimiento. El plan es bastante superficial en  conjunto. Propone, por ejemplo, “Continuar la mejora de la focalización de los programas alimentarios” (p. 14). No nos, dice, sin embargo, cómo lo haría, con qué presupuesto ni con qué recursos.

Al lado del Plan de Gana Perú, este documento parece una tarea escolar. 

En todo caso, la carencia de ideas sobre cómo resolver el problema de la desigualdad y la postergación no dan ninguna garantía de que se pueda atender este mal desde el gobierno. Depender de la inspiración o la improvisación no es una buena receta.

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